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Buses eléctricos permitirán instalar más terminales en zonas residenciales

Aunque son más caros que los convencionales, tienen una mantención más económica y menos externalidades negativas. 

El próximo año, si la licitación del nuevo Transantiago se ajusta a los plazos fijados por el Gobierno, los futuros seis concesionarios del sistema deberán incorporar 90 buses eléctricos a sus flotas, la mayor irrupción de este tipo de transporte en la capital desde el último retorno de los trolebuses, entre 1991 y 1993.

Si bien el número de buses eléctricos (15 por cada uno de los seis operadores) es menor respecto de la flota total del Transantiago (1,3% de las 6.840 máquinas de la nueva licitación), el Ejecutivo apuesta a que esta fase piloto sirva para probar la tecnología y, según sus resultados, masificarla a partir de la siguiente licitación, en 2021.

“Incorporar la electricidad surge del convencimiento de que en los próximos 10 años va a ser una tecnología más madura. Esto nos permite aprender con información y experiencia antes de una próxima licitación”, afirma el subsecretario de Transportes, Carlos Melo.

Un estudio encargado por una empresa eléctrica a la consultora Mobilitas comparó los costos de los buses eléctricos y los diésel.

Diego Puga, especialista de Mobilitas y ex gerente de finanzas de Transantiago, detalla que “los buses eléctricos pueden llegar a costar más del doble que uno tradicional, pero en un plazo de diez años de uso resultan ser más rentables. También duran más, porque vibran menos y tienen menos partes mecánicas. Esto está demostrado con los troles de Valparaíso, que funcionan desde hace más de 50 años”.

Añade que estas máquinas tienen otra ventaja, aún no valorizada: son más silenciosos. “Los usuarios perciben un servicio mejor. También eso genera un impacto en el conductor, que debe trabajar muchas horas diarias. Es un aliciente para retener conductores y mejorar sus condiciones laborales”.

La reducción del ruido también puede generar oportunidades. Según el subsecretario, permitirá hacer viable la instalación de terminales de buses en zonas residenciales. Hoy, estos recintos -claves para el buen funcionamiento del sistema- son rechazados por los vecinos o por ordenanzas que los restringen debido al ruido, emisiones y riesgos relacionados con la recarga de diésel.

Desventajas

Pero más allá de estos beneficios, la tecnología aún tiene limitantes para una operación como la de Transantiago, que también son detectadas por el estudio. Una es la autonomía de los buses: las recargas toman al menos cuatro horas y les permiten recorrer hasta 250 kilómetros.

Según estima el informe, cerca de la mitad de las rutas del Transantiago exige que los buses recorran menos de esa distancia, pero aún hay muchos que requieren una capacidad mayor.

“De todas formas, la tecnología está cambiando rápido y pronto se puede esperar una mayor capacidad”, acota Puga.

Otro problema, advierte, es que los buses eléctricos pueden tener dificultades en zonas altas. Para Melo, la rapidez con que avanzan las innovaciones podría permitir sortear esta dificultad a corto plazo.

 

Fuente: El Mercurio (vía Portal Electricidad)

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